domingo 17 de mayo de 2009

Olvidadas tumbas...


Olvidadas tumbas
que alguna vez fueron blancas.

Inerte la plástica flor
es descolorida memoria.

Desterrados del paraíso
yacen nuestros muertos.

Ajeno a Dios, un mendigo llora.


Gustavo Tisocco
Del libro "Paisaje de adentro"
Foto: Patricio Coullery

11 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

un poema triste para la cancion de un mendigo en la mas amplia soledad, cuanta tristeza nos habita a pesar de tanta compañia, hacia donde va la humanidad. Un abrazo Gus

17 de mayo de 2009 19:38  
Blogger fgiucich ha dicho...

El dolor de no tenerlos. Abrazos.

18 de mayo de 2009 08:19  
Blogger Juan Carrizo ha dicho...

Es como tu lo describes en el hermoso poema,pero pronto Dios acabará con la muerte Juan 5:28,29 y ya no habrá tumbas conmemorativas sobre la tierra

20 de mayo de 2009 12:15  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Siempre es un placer, un ejercicio memorable, pasar por aquí y releer sus poemas, o encontrarse con alguna sorpresa, algo que no había leído o, quizá, olvidado. Gracias, querido amigo, en nombre de la poesía, gracias.
Lo abrazo
Alicia Perrig

20 de mayo de 2009 20:25  
Blogger macedonianos ha dicho...

siempre, gus, siempre. beso, ro

20 de mayo de 2009 23:41  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Gus
Es bueno llorar. Es sanación. Dios nos ama. Besos. Molly

21 de mayo de 2009 03:34  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Bello poema, Gustavo. El tema de la muerte nos atraviesa, como poetas, como humanos. Y ese final de lágrimas, muestras de vida, impecable. Fabiana León

21 de mayo de 2009 23:58  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Todo tu poema es una dura realidad.
Te felicito , Gus.

Alicia Borgogno

23 de mayo de 2009 13:23  
Blogger Avesdelcielo ha dicho...

El máximo grado del olvido debe ser la ajenidad y agregado un mendigo que llora, es una gran desolación. Pero más duele la flor de plástico. Excelentemente triste.
MARITA RAGOZZA

13 de junio de 2009 18:44  
Blogger Lidia Gaytán ha dicho...

Me gustó la imagen que queda del mendigo. Porque queda la sensación de que él se siente también ajeno a Dios, desterrado del paraíso, muerto. Inerte el ante su propia tumba: su cuerpo y su descolorida memoria.

Saludos, Gustavo.

16 de junio de 2009 12:05  
Anonymous Anónimo ha dicho...

gus esta noche me dediqué a leer tus poemas,me impato este de las viejas tumbas , esa sensaion de abandono cuando vamos alli avisitar alos que tanto amamos, pero no podemos dejar de ver las tumbas que fueron blancas

un abrazo enorme

maria elena tolosa

29 de agosto de 2009 00:36  

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