martes, 30 de noviembre de 2010

Joven calentando sus manos en el brasero (De una pintura de Allart Van Everdingen)



Servir al osado amo,
a sus niños,
a sus perros.

Olvidar que tienes nombre,
que alguna vez sonreíste,
que paseabas por el prado.

Solo de noche escapar,
retornar así a la blanca princesa.



Gustavo Tisocco
Del libro "Pintapoemas"

8 Comentarios:

Anonymous Anónimo dijo...

Fantástico poema, Gustavo.
y sobre qué pintura...
Felicitaciones...
Alicia Borgogno

30 de noviembre de 2010, 19:35  
Anonymous galáctica dijo...

La alienación que desde tiempos remotos acecha al hombre expresada con palabras directas, sensibles, que dan en el corazón.Denuncia que llega desde el candor, desde el olvido de "la blanca princesa". Infancia no respetada. Excelente poema y muy acorde con la pintura.Esta es la poesía que me toca y me conmueve, el mensaje fuerte que está expresado en este dardo de energía poética donde no sobra una palabra.Saludos poéticos Irene Marks

4 de diciembre de 2010, 08:28  
Blogger fgiucich dijo...

El dolor de se anónimo y explotado. Abrazos.

4 de diciembre de 2010, 09:00  
Blogger Nerina Thomas dijo...

El abuso del hombre,por confundir servicial por servil, el no haber aprendido que todos somos hermanos. El respeto por el otro. Duro para quien lo vive, se perfora el alma y muestra en su rostro la tristeza.
Gran expresión, muestra la imagen.
Tu poema, muy logrado.Todo lo obsercas, es maravilloso en ti.
Felicitaciones "amigo".

8 de diciembre de 2010, 11:58  
Blogger julia del prado morales dijo...

El abuso del hombre para el otro ser. La falta de respeto, encantada de leerte Gus querido, Julia

11 de diciembre de 2010, 16:41  
Anonymous Anónimo dijo...

la antigua pintura lo expresa y tus palabras tan justas le dan ese admirable poder que solo lo tiene la palabra, derechos restringidos abusos niñes desvalida y eso de sentirce princesa ¡que bello a pesar del dolor ¡

maria elena tolosa

22 de diciembre de 2010, 01:16  
Anonymous Sonia Quevedo dijo...

Con la mirada baja sin expresión en el rostro obediente el esclavo simplemente marcha.
Literalmente, la esclavitud destruye la felicidad desgarrando el alma.
Es un maravilloso y sentido poema, la pintura, preciosa en un interior que caracteriza al pintor.
Doloroso tema mi querido Gus.

24 de diciembre de 2010, 00:38  
Anonymous Anónimo dijo...

David Antonio Sorbille dijo...
Qué singular lirismo Gustavo. Muy bueno!!.

24 de diciembre de 2010, 12:45  

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